Piel de alboradas

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Arturo Salas

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Descripción

PIEL DE ALBORADAS
Arturo Salas
Madrid, julio de 2021
ISBN: 978-84-120173-5-9
172 páginas, 14 x 21 cm.
Rústica con solapas
Prólogo e Ilustraciones
a color de Florentino Caballero Santacruz
Colección LIBROS DEL LUTHIER, 14
Precio: 15 euros (IVA incluido)

* * *

EL LIBRO:

[Del Prólogo]

No hablaré de la obra que ahora está entre tus manos, pues tú la juzgarás si a bien lo tienes, y la disfrutarás o la desdeñarás, según te plazca; pero sí diré algo del autor, cuya raíz comparte tierra y tiempo con la mía.
Diré que ha sido un notable profesor, enamorado de su oficio, entregado a la labor y a la idea de educar personas para construir un mundo poblado de hombres y mujeres de bien, de gentes honestas capaces de hacer de su generación una humanidad mejor que en las precedentes, de descubrir sus facultades, su valía y su saber, de conocerse, aceptarse y amarse, tanto a sí mismas como a las demás.
Diré que es pedagogo y humanista, que entre sus diversas actividades vocacionales y profesionales ha participado en movimientos de renovación pedagógica e innovación educativa, que ha trabajado en barrios marginales y desfavorecidos; que ha dedicado también parte de su tiempo a la formación de empresa y de adultos, entre otras labores docentes.
Diré que culminó su carrera profesional como orientador escolar, ofreciendo asesoramiento psicopedagógico a alumnos y a familias durante más de veinte años; que también ha dejado sus enseñanzas y sus recuerdos en publicaciones pedagógicas y ensayos sobre los problemas de la educación y la profesión docente en España.
Pero sobre todo diré que fue maestro, y que lo sigue siendo, y que lo seguirá siendo mientras viva, pues en su caso no se trata de un título sino de una condición, de algo que forma parte constitutiva de su Ser.
Diré que entre los títulos que posee, uno de los que más aprecia es el de ser Manchego, pues nació en Camuñas (Toledo) tal como el famoso guerrillero Francisquete, «Tío Camuñas», del que es directo descendiente.
Diré que de su quinto abuelo heredó quizá la rebeldía ante las injusticias y los abusos del poder, el valor y el amor a la libertad. Pero a diferencia del guerrillero, Arturo nunca ha te- nido relación alguna con las armas. Él siempre ha preferido la armonía de un verso al monosilábico estruendo de un fusil; la musical cadencia de una estrofa al tartamudeo siniestro de una ametralladora. Las armas de su lucha son la razón, la intención benéfica y la palabra.
Y ya no diré más, pues la palabra es suya ahora; y nuestro, el privilegio de leerla.

FLORENTINO CABALLERO SANTACRUZ

POEMAS:

MI NIÑEZ

Mi niñez.
Mi querida niñez.
Mi amado horizonte
que siempre me acompaña
y me hace soñar…

Yo fui un día niño
en un pueblecito de casas blancas
y mujeres enlutadas;
donde el sentir estaba oxidado
por el sudor del trabajo
y la ignorancia sin culpa;
donde el tiempo,
huero de esperanzas,
se medía en las arrugas
de las frentes nobles;
donde los anhelos
se enterraban antes de nacer.

Allí,
en aquellas plazuelas de adobe,
entre amigos descalzos,
con la piel sucia y la mirada clara,
entre aquellos juegos perfumados
del hambre,
se ahormó mi inocencia.

¡Ah, mis juegos de antaño!

Aún puedo escuchar
gritos y risas
de aquel mundo sin gravedad,
cuando miraba las estrellas
y las quería tocar;
cuando soñaba ser marino
de los que salen a la mar;
cuando la curiosidad inagotable
era algo más que descubrir
la vida misma.

La noria de tiempo
no hizo sino girar
y pretendió hacerme adulto
en una pulsión aún sin resolver.

Hoy,
náufrago de todas las edades,
postrado
ante esta soledad inabarcable,
sólo quiero navegar otra vez
mi velero de espumas
entre las olas atemperadas
de mi infancia
que en los atardeceres de tristeza
siempre vuelven a besar
las arenas deshabitadas
de mi vida.

*

ME CONFIESO ANTE EL HOMBRE

Hace tiempo que no declaro
ante el Hombre mi conciencia;
quizás por falta de sosiegos,
quizás por miedos o debilidad.

Mi alma tiene huecos de desamor,
con bordes veladamente egoístas;
y es por ahí, por donde,
entre bloqueos de autoimportancia,
me vence el desasosiego.

Me enamora con facilidad la vida.
Procuro agradecerle a diario
poder asistir a su milagro opalino.
¡Ah!, también intento ser comedido
con el éxito y el fracaso que me brinda.

A veces me cuesta el perdón.
Cuando me esfuerzo y lo consigo,
el orgullo estéril da paso a la armonía
y me reconcilio conmigo mismo.

Sólo practico la religión del libre pensamiento.
Amo la libertad sobre todas las cosas,
aunque he observado que esta no es auténtica,
si no es justamente de todos.

Me gustaría alcanzar un nivel mayor
de compromiso cívico,
de lucha por la consecución del bien común
y la igualdad social de oportunidades.

Cuando vuelo alto,
sobre los campos de marrón abierto,
las alas libres y mis plumas peinadas
de vientos infinitos,
noto el sentir de que mi pueblo
es toda la tierra.

Me desanima el odio hecho costumbre.
La violencia huera. La mentira grasienta.
Ante la injusticia, no puedo evitar de ser
como la esperanza que aún no ha sido.

He aprendido a estimar la paz interior.
Pero reconozco, que a veces, aunque lo intento,
me resulta difícil estar bien conmigo mismo
en cualquier lugar y con cualquier persona.

Necesitaría con más frecuencia
realizar curas de humildad.
Reírme más de mí mismo,
para tratar de espantar a todos los miedos.

Nunca me gusta competir por nada.
Me preocupo de saber cuánto me es bastante.
Me da pena la avaricia y no comprendo bien
a los acumuladores compulsivos y del derroche.

Creo que soy de buen conformar.
Intento ser fiel a unos principios justos.
Valoro el sentido común y la coherencia
entre lo que dicen y hacen las personas.

Trato de desescombrar las ruinas
que aún me quedan de aquel Dios severo
que se me murió, y no hago
sino tejer deshilachadas búsquedas
de reconciliación con mi espíritu.

Procuro estar dispuesto para la partida final.
Mi vida sabe ya de los fríos necesarios
para una muerte ligera.
Pero aún me asaltan dudas
de si sabré desapegarme
a tiempo de mis pertenencias.

Confieso que yo de mayor no quería
perder la referencia del niño interior.
Mantener intactos todos los sueños.
Pero ya hay en mi alma edades
del tiempo con arrugas en la mirada.